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29
Ago

ALBERTO FORNOS “IN MEMORIAN”

Habíamos nacido el mismo día, aunque de distinto año; Alberto era veinticinco años mayor. Quizá esa fuera una de las razones por las que desde que nos conocimos tuviera hacia mí una especie de apadrinamiento especial. Durante las muchas horas que pasamos juntos, sobre todo en los viajes, siempre me enseñaba y me daba consejos sobre comunicación que él denominaba relaciones públicas. Alberto fue, en muchos sentidos, mi mentor, mi profesor particular del que siempre aprendí tanto que nunca lo podré olvidar.

Alberto Fornos fue el relaciones públicas de Bodegas Torres durante muchos años y en el seno de esta modélica bodega desarrolló un estilo de hacer las cosas que ha sido y lo sigue siendo, ejemplo de muchos y entre los que me encuentro.

Desde mi punto de vista, y sé que coincide con el de muchos profesionales de la comunicación del mundo del vino y de la gastronomía en España, Alberto (tío Alberto para muchos evocando la canción de Serrat), se inventó la comunicación y las relaciones públicas del sector. Nadie como él manejaba la base de datos de la prensa, tanto nacional como internacional del mundo del vino. Sin duda, la más completa de cuantas, al menos yo, he conocido. A continuación va un listado de los colegas que me presentó a lo largo de nuestra larga amistad.

De entre los que ya no están con nosotros tuve el placer de compartir junto con Fornos mesa, conversaciones y opiniones con toda esta generación de maestros de la gastronomía: Nestor Luján, Xavier Domingo, Eugenio Domingo, Feliciano Fidalgo, Joaquín Merino, Manuel Vazquez Montalbán, Andreu Parra, Jordi Estadella, Luis Bettónica  y Lorenzo Millo.

También con Jaume Fábrega, José Carlos Capel, Paco López Canís, Francisco González Ledesma, Rafael Ansón, Pere Tapies, Antonio Vergara, Gonzalo Sol, María Jesús Gil de Antuñano, Lorenzo Díaz, Mauricio Wiesenthal, Miguel Sen, José Manuel Vilabella, Eufrasio Sánchez, Guillermina Botaya, Paz Ivisón, Carlos Delgado, Ernesto Portuondo, Pepe Barrena, Ana Lorente, Ana de Letamendía, Tere Gallimó, Mikel Zeberio, Mikel Corcuera, Bartolomé Vergara, Anuchina Postigo, Mario Hernández, Ramón Francas, Carmen Casas,  Mayte Díez, Alfredo Peris, Rodri Mestre, Cristino Álvarez, José Peñín, Maricar de la Sierra, Ana Marcos, Antonio Ivorra, Andrés Proensa, José María Iñigo, Luis Díaz Güell, Carmen Pascual, Pau Arenós, Xavier Agulló, Javier Pérez Andrés, Natalia Bettónica,   y muchos que a buen seguro me dejo y que me disculpen por el olvido. Casi medio centenar de primeros espadas  de la gastronomía y su comunicación que son, han sido y fueron la referencia ineludible de la prensa del sector. Obviamente hay muchos más, pero estos fueron los que gracias a Fornos conocí con el transcurrir de los años.

En cierta ocasión lo invité a que diera una charla en la Base Aérea de Zaragoza, en el sector americano y que él completó con una cata de brandis de la Casa. No recuerdo cuántos pero al menos hablaba siete idiomas, por lo que tanto la charla sobre la comunicación del mundo del vino como la cata las hizo en un perfecto inglés. A cambio una cazadora auténtica de piloto de vuelo americano que incluso se la ponía en su casa con un simulador de vuelo con el que jugaba. Pasados sus sesenta años seguía haciéndolo. Delicioso.

En su intervención volvió a decir, una vez más, que en el tipo de puestos como el suyo la empresa en la que se trabaja es esencial, especialmente cuando ésta es grande, como es el caso de Bodegas Torres. Así la fidelidad por la empresa y el respeto por sus directivos son  básicos para que el respeto en todos los sentidos sea una constante. Él lo fue. Fue respetuoso, trabajador incansable, alegre, vitalista como pocos, nunca un mal gesto con nadie.

Hay un episodio curioso en la vida de Fornos. Antes de entrar en Bodegas Torres, hace muchísimos años, colaboró con la extinta “Radio Liberty” que emitía hacia la Unión Soviética desde la playa de Pals en Cataluña, financiada por la CIA norteamericana. Recuerdo cómo lo contaba, entre lo divertido y  lo curioso, aportándole buenas dosis de aprendizaje del idioma y de las comunicaciones. No fue mucho tiempo, creo, el que colaboró con esta emisora, pero lo comentaba a menudo pues debieron ser pocos los españoles que allí trabajaron.

En todo caso su vida estuvo ligada intensamente a la familia Torres. Innumerables fueron las anécdotas, experiencias, viajes y situaciones de todo tipo las que vivió con Miguel Torres Carbó (padre de Miguel Agustín Torres y abuelo de Miguel Torres Maczassek) que dirigió y presidió la bodega hasta algunos años antes de su fallecimiento en el año 1991. Puede parecer exagerado pero durante años después de la muerte del señor Torres, cada vez que coincidiendo con alguna visita de clientes o periodistas a la bodega veíamos juntos el vídeo corporativo  en que aparecían imágenes del que fuera presidente, Fornos me decía como se habían grabado y cómo él mismo había seleccionado la música que contextualizaba aquellas imágenes postreras del presidente Torres. Y a Fornos se le rasgaban los ojos. Me contaba casi de una forma íntima como el abuelo Torres, en cierta ocasión en un gesto absolutamente inusual e inesperado, un tiempo antes de su triste pérdida, lo llamó a su despacho y le dio un tremendo abrazo de gratitud y fraternidad, algo que Alberto relataba entre la sorpresa y el orgullo al mismo tiempo.

Inolvidables las jornadas de las setas en la comarca del Berguedá; durante tres días la camaradería y el intercambio de información y porque no decirlo, también de algunos negocios entre los colegas, eran una constante. Ya se han cumplido 25 años desde las primeras jornadas de setas y Torres. Primero Albert Puig y luego Vinyet Almirall las siguen desarrollando con suma profesionalidad defendiendo en todo momento los intereses de la empresa Torres. Seguramente esta acción, la de las setas, junto a otro invento de Alberto, “aprenda con los maestros”, hayan sido, al menos para mí lo fueron, el gran escenario en el que todos nos conocimos en algún momento de nuestra trayectoria.

Alberto falleció en diciembre del año pasado, del 2011, el día 10 poco antes de las navidades. Pocos nos enteramos del deceso. Yo esperaba con extrañeza de no recibirla su respuesta a un correo electrónico que ya nunca llegará. Muchos supimos de su pérdida en la Alimentaria en Barcelona de marzo de 2012.

Me acuerdo muchísimo de Alberto Fornos, de sus consejos, de su generosidad, de su forma de hacer las cosas. Siempre te recordaré querido maestro. Tu vitalidad, fortaleza de espíritu, genialidad, inteligencia y viveza ante las situaciones han sido y siguen siendo ejemplo para el quehacer diario.

Descansa en paz, amigo mío.

Categoría: La opinión de Juan Barbacil

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