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GASTRONOMÍA UNIVERSAL

Durante las últimas décadas el ámbito culinario y gastronómico español no ha dejado de mirarse al ombligo creyéndose el centro del mundo en lo referente al arte coquinario y observando con displicencia todo lo que no estuviese en la línea de la vanguardia más radical, la innovación permanente y la modernidad total.

Un ciudadano americano, de San Francisco para más señas, alquila en el Valle del Loira una vivienda para dos personas que he tenido la ocasión de disfrutar. En una pequeña biblioteca que alberga la vivienda he ojeado y consultado libros de cocina y literatura gastronómica de Kermit Lynch, Peter Mayle, James y Kay Salter y, por supuesto de Julia Child. Patricia Wells o Jacques Pépins también tenían sus textos en aquella estantería situada en la cocina de la casa en la que no faltaban cuchillos suizos, electrodomésticos alemanes, cafeteras italianas y tostadoras de pan americanas.

Mirarse al ombligo fue una costumbre cristiana primitiva ideada por los monjes hesicastas de la iglesia griega ortodoxa. Algunos pensaban que el centro del alma humana se encontraba en el centro del cuerpo, en el ombligo, al que por otra parte, otorgaban importancia como nexo de unión con la vida.

Abramos nuestra visión del concepto, volvamos a Francia, no despreciemos lo americano porque sí, visitemos América latina, vayamos por Alemania y Suiza y estudiemos sus opciones, desde restaurantes hasta escuelas, y luego hablemos de España. Quizá seamos los mejores en algunas cosas pero no dejemos de mirar a todos los lados.

Categoría: La opinión de Juan Barbacil

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