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Sep

LA TIENDA DE ULTRAMARINOS DE MI TÍO PASCUAL

LOS FRUTOS SECOS

Hacia mediados de los setenta se vendían muchos frutos secos en la tienda de ultramarinos de mi tío Pascual. Recuerdo especialmente los cacahuetes, sin pelar, claro con su cáscara. Venían en sacos enormes y eran españoles por lo que había de tres, cuatro y hasta cinco frutos por vaina. Sabrosos, con sal añadida en la cáscara, crujientes. Luego llegaron los americanos, más bonitos, más baratos, pero… ¡oh!, todos eran de dos o de vez en cuando te salía uno de tres frutos, pero rara vez. Comíamos sin parar cuando abríamos los sacos y los degustábamos con fruición. Hasta que nos enteramos que las almendras tostadas eran más caras y entonces probábamos con las almendras, pero seguían gustándonos más los cacahuetes.

Luego estaban las avellanas que al igual que el resto las había tostadas, con piel o sin ella, eran gordas y crujientes, con un amargor especial que al principio costaba hacerse con él, pero luego….¡ uhm ! qué buenas estaban. Curiosamente el maíz tostado en grandes sacos llegó mucho más tarde, ya lo conocíamos en bolsitas pequeñas, aquellas que comprábamos al mismo tiempo que el sidral con unas barritas pequeñas de regaliz negro dulce que mojábamos en él y que estallaba en la boca. A esto ahora le llaman chuches, ya saben de chucherías, entonces eran las cosas del carro de la abuela de la esquina o simplemente todo se llamaba regalices.

También estaban las nueces que llegaban igualmente en sacos hermosos y que para venderlas a granel teníamos que cascar y pelar. Muchas no llegaban a su destino y nos aliviábamos con alguna Fanta o Mirinda de naranja para aplacar la sed. Las pipas de girasol eran las hermanas mayores de las de toda la vida que se vendían bien y tenían muchos admiradores. Las castañas que en invierno se vendían mucho y las servíamos en unas bolsas de papel de estraza que cerrábamos con un divertido plegue, sin usar celo y que quedaba perfecto para su transporte. Y las castañas pilongas que las mujeres compraban para sus tartas y guisos, pero esa es ya otra historia.

Categoría: La opinión de Juan Barbacil, La opinión de los expertos

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