T Z
23
Ene

La Tierra-tierra: provisión, producción y promisión

 

Luz Marina Vélez Jiménez

lm.velez2@gmail.com

“Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia”.

 (Jefe indio Seattle, 1855) 

En el comer está el principio de la sabiduría, connota, simbólicamente, el episodio de la manzana de Eva.  Millares de años más tarde, los biólogos afirman lo mismo, entendiendo por sabiduría, evolución, adquisición constante de mejoras. Como dice María del Carmen Soler, la diversificación y la especialización progresivas de los alimentos inciden de manera decisiva sobre la estructura somática, la acción y la experiencia de todo ente animal.

Este acervo, elemento de supervivencia práctica y simbólica, advierte auténticos caminos del conocimiento y la satisfacción del apetito;  discurre entre  la semilla y el rito, la palabra y el mito, el hambre y el placer; acontece como lógica del hombre (antropología) y como amor al conocer (filosofía): improntas indelebles éstas que, como menú, abren el catálogo de la “alimentación del cuerpo” y de la “nutrición del espíritu”, y ayudan al hombre a designar el qué, el cómo, el cuándo, el cuánto y el porqué cocinar y comer; a precisar en estas preguntas el sentido de lo  “humano”.

La magnitud cultural del hombre que come lo que cosecha revela un primer ser histórico que, en la necesidad de subsistir, se adapta, y se arraiga en un territorio; un hombre del neolítico que, a través de la observación de la naturaleza, inició nuevos procesos de reunión en torno a la tierra, los animales y los astros; simbolizaciones que instauraron el reconocimiento de códigos, técnicas, hábitos, y conductas de cooperación, entre otros órdenes de la vida cotidiana frente a la tierra y sus productos, a la par de conductas éticas como respuesta a la búsqueda del “bien” y de los “bienes.  Es así, como entre la supervivencia, el sedentarismo y el utilitarismo aparecen la economía, la ética y la tradición del hombre cultivador: la agricultura primitiva como espacio del comportamiento compartido.

Es evidente que el alimento es una metáfora de la revolución de las ideas, que incluso explica por qué los seres humanos se someten a normas, aunque entren, a veces, en conflicto; desde el festín hasta la hambruna, éste es una fuente para que los hombres sepan de sí y retornen a sí (anakhoresis), como individuos y como integrantes de una comunidad. 

Desde las pequeñas sociedades de cazadores-recolectores hasta la “aldea global”, el hombre ha creado una barrera de especie y un límite moral en el establecimiento de las normas de prioridad, entre ellas las del alimento; un sentido de congregación y compañerismo que, al menos durante 150.000 años, ha potenciado la cocina desde la alianza entre la tierra, el fuego, la olla y la mesa.

Categoría: Colombia

Dejar comentario

Quiénes somos | Proyectos | Asociaciones | Trayectoria profesional | Galerías | Medios de comunicación | Blog

C/ Cádiz, 7. 1º B. 50004 Zaragoza - España. Tel.: 976 258 265 - Fax: 976 258 266.

barbacilcomunicacion@barbacil.com - Contacto - Legal - Síguenos en: