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Las naranjas hechas arte

 

El aguardiente más amable de nombre francés se elabora con las mejores naranjas que se subliman en el más famoso licor del mundo de cuerpo dulce y alma intensa que no ha perdido ni un ápice de modernidad.

Había licores y aguardientes que, se vendieran mucho o poco en aquella tienda familiar que me vio nacer, siempre formaban parte de los pedidos de inauguración de los establecimientos de moda. Luego las veías evolucionar en las estanterías detrás de  la barra, el camarero las limpiaba una y otra vez y parecían siempre lustrosas, pero las etiquetas y el paso del tiempo hacían mella sobre ellas y amarilleaban en su anaquel.

Licor 43, Calisay, Chartreuse verde y amarillo, Estomacal Bonet, Aromas de Montserrat, Izarra eran insustituibles junto a otros que sin llegar a ser líderes de ventas aportaban siempre un tono de color como el anís del Clavel, el vermut Cinzano el Triple Seco o el Grand Marnier, que de todos iremos hablando. De entre todos ellos destacaba siempre el Cointreau; esta es su historia.

En 1849, dos miembros de la familia Cointreau, Adolphe y Edouard-Jean, famosos maestros pasteleros, constituyeron una destilería en Angers, región francesa de Países del Loira, en el que producían licores con las frutas de la región. Edouard Cointreau, hijo de Edouard-Jean, destiló un licor a partir de cáscara de naranjas dulces y amargas, con un alto grado de cristalinidad. Este licor, que se llamó  Cointreau, se produce desde entonces en base a una receta secreta que ha permanecido inalterable desde hace 150 años.  

Esta perfecta combinación se consigue a través de la recogida naranjas de variedades y procedencias distintas, tanto amargas, con un tono verde dorado, como dulces, de un naranja intenso. Las cáscaras se secan al sol, se dejan macerar y, finalmente, pasan por un proceso de destilación en unos alambiques de cobre en los que se extrae cada gota de esta esencia. Combinado con los otros ingredientes: alcohol (40%), azúcar y agua, se forma este licor equilibrado, intenso y suave, cálido y refrescante, dulce y amargo, que no deja indiferente a nadie.

Tradicionalmente esta bebida se tomaba en los postres, después del café o como bebida digestiva pero, años después se convirtió  en  el triple seco más utilizado en la composición de cócteles tan conocidos, como el Margarita, el Cosmopolitan y el Sidecar.

Ya desde el comienzo de su creación se diseñó la característica botella Cointreau,  cuadrada y de color ámbar, una composición que rompía radicalmente con las clásicas botellas de aquellos tiempos, y que ha sido uno de los distintivos para la compañía desde entonces.

Esta exitosa marca se fue abriendo paso y ya, a principios del siglo XX, se vendían 800,000 botellas de Cointreau al año, llegando incluso a  Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica.

En sus primeros años de historia Pierrot, un divertido payaso francés, se convirtió en el personaje más simbólico de la imagen de la marca. El famoso artista del cartel Nicolás Tamago fue el artífice de tal composición. Un año después Edouard Cointreau lanza la primera película publicitaria, protagonizada por el famoso Pierrot. 

En los años 60 James Bond fue el elegido para representar a la marca en su publicidad. Quién no recuerda el divertido slogan en las campañas de Cointreau de esos años: “Voulez-vous avec moi Cointreau?”.

Años después Cointreau inauguró en Francia el “Be Cointreauversial” de la campaña. Este concepto buscaba que las mujeres se expresaran por sí mismas, y que eligieran todas las combinaciones que ellas quisieran al beber Cointreau, como cóctel o como combinado, sin preocuparse de las opiniones del resto.

En el año 2010 Dita von Teese, embajadora de la marca desde 2007,  abre el primer Cointreau Privé, una coctelería efímera en el corazón de Montmartre, en París.

Categoría: La opinión de Juan Barbacil

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