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Benedictine ”Deo Optimo Maximo”

Alexandre Le Grand, inventor de este mítico licor,  se sintió intrigado por el trabajo, especialmente por la receta de un elixir misterioso y curioso compuesto por veinte siete plantas y especias. Más de un año de trabajo le llevó descifrar el secreto de las proporciones y sus mezclas.

 

Se trata de otro de los licores clásicos conocido por todo el mundo, de esos que no puede faltar en el mueble bar de los grandes aficionados a los aguardientes de gran calidad. La llegada de elaboraciones más nuevas  y actuales lo han relegado a un segundo plano y la “normalización”, el adocenamiento de los gustos ha llevado a una situación extraña en la que la calidad parece haberse olvidado. Licores como el Benedictine y el conocimiento de toda su gama, prácticamente desconocida en España, podría devolver el gusto por lo bien hecho.

 La historia cuenta que un día de 1863, ordenando papeles muy antiguos de su familia, un comerciante de vinos de Fécam, una población de la Alta Normandía, de nombre Alexandre Le Grand, se topó con un libro de recetas históricas que había permanecido oculto durante muchos años en la biblioteca familiar. Al parecer el documento había caído en manos de su familia después de la Revolución Francesa en 1789. El último monje de la Abadía de esta población francesa antes de escapar a causa de la situación controvertida de la Revolución entregó a un miembro de la familia de Alexandre un lote de libros entre los que se encontraría este recetario. El libro, un manuscrito de fecha 1510, contenía cerca de 200 páginas escritas en letra gótica por un monje de nombre Vincelli. El trabajo se ocupaba  principalmente de la alquimia, que buscaba la piedra filosofal, la transmutación de los metales y la panacea.

A pesar de su conocimiento en el arte de la destilación a Alexandre Le Gran le llevó más de un año descifrar la receta del licor. Finalmente salió este licor de color verdoso oscuro que se elabora actualmente con aguardiente de numerosas hierbas, plantas, raíces y cortezas. También lleva mirra, azafrán de España, miel de América, vainilla, corteza de limón, clavo, té, cardamomo, tomillo, angélica y otras. En la actualidad se dice que no más de tres personas conocen la fórmula exacta. Las diferentes sustancias aromáticas mezcladas con alcohol maduran finalmente en roble y su grado alcohólico se rebaja con agua destilada, tal y como se hace con los coñacs. Desde 1938 se elabora un Benedictine menos dulce mezclado con brandy en cuya botella aparecen las letras “B & B” (Benedictine y Brandy).

En 1884 el escritor JK Huysmans, en su novela “A Rebours” describe con detalle la botella de Benedictine: “Envueltos en sus túnicas abaciales, firmado con una cruz y las iníciales DOM eclesiásticas, obligado, en sus pergaminos y ligaduras, como una carta auténtica, se encuentra un licor de color azafrán de finura exquisita.”

El proceso de fabricación comprende varias destilaciones, las cuales luego son mezcladas.  El Benedictine posee una  graduación alcohólica del 40%, mientras que B&B la tiene del 43%. En 1977 la misma empresa productora, compañía fundada por Le Grand, también sacó al mercado un licor de café con un 30% de grado de alcohol llamado Café Benedictine.

Adicionalmente la empresa produce un Benedictine de Única Barrica que se vende  en una botella negra  y solo se puede obtener en el negocio el Palais de la Benedictine en Fécamp, Normandía, Francia.

Las iniciales D.O.M que vienen impresas, desde su inicio, en la botella algunas personas creen, de forma equivocada, que significa “Orden de los Monjes Dominicanos”, pero en realidad significa  “Deo Optimo Maximo”; “Para nuestro mejor, gran Dios”.

El Reino Unido es el mayor consumidor unitario de licor Benedictine. Los regimientos de Lancashire se hicieron aficionados al sabor del licor durante la primera Guerra Mundial.

Categoría: Bebidas

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