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Sep

Repugnancia

Luz Marina Vélez Jiménez.

“La repugnancia no surge del gusto,

sino de aquello que lo vuelve repugnante.”

David Le Breton.

Entre la boca y la imaginación, el mundo también es relativo: la repugnancia de unos es la felicidad alimentaria de otros. Las lógicas clasificatorias de lo que se come o se deja de comer son poderosas y se arraigan en un imaginario que se alimenta de afectividad; las repugnancias, como los gustos, son el producto de un proceso de socialización;en esta medida, como dice Juan Luis Suárez, “la cultura es algo más que un portal de Internet”.

La “comestibilidad” no es una cuestión biológica, sino simbólica. La boca, como “un sitio de intercambio con el mundo”, da cuenta de que la alimentación va más allá de la forma estrictamente dietética, depende de la procedencia y de la preocupación moral de cada grupo. Las repugnancias no son instintos, son modos simbólicos de defensa; surgen cuando los límites de los sentidos físicos o de las normas están en peligro.

cuchara

A lo largo de la historia han existido degustadores de todo un “menú” alimentario y medicinal,basado en sustancias putrefactas, excrementos, sangre, semen, fetos, animales domésticos e insectos, entre otros, cuya oralidad causa a quienes no los consumen un sobresalto racionalista, reprobación y sensación de vómito, asco y náuseas —recetas mágicas o peligrosas, como boñiga con rosas, excrementos de niño con miel, placentas humanas con frutas, musgo del cráneo de un difunto con caldo, vísceras de perro con pimienta, esperma con especias, peces descompuestos en salmuera, tarántulas asadas o chapulines con chile—.

El descrédito de los insectos, por ejemplo, está en su asociacióncon la suciedad,y si esto fuera una ley, la humanidad hubiera muerto de hambre hace mucho tiempo. El tener que quebrar patas espinosas, alas ocaparazones quitinosos puede resultar perturbador para quienes no están habituados a su consumo; sin embargo, como dice Vásquez Montalbán, “todo lo bueno guarda relación con el vientre” y, sucios o no,los insectos constituyenuna forma rica y saludable de obtener proteínas, lisina y grasa —para satisfacer las necesidades diarias de calorías bastaría con comer 500gramos de termitas aladas (Juan el Bautista sobrevivió en el desierto con una dieta de langostas y miel)—.

Las complicidades con los sabores permiten superar la repugnancia asociando el sabor de una oruga al de una almendra, el de una tarántula al de una avellana; valorando como exquisitez gastronómica la combinación de un exterior crujiente y un interior tierno. Es perfectamente lógico que una sociedad se aficione a las cosas que evitan su inanición. El hombre hambriento pierde toda prevención, desdeña el sentimiento de la repugnancia: para quienes comen batata dos veces al día a lo largo de todo un año, una cucaracha es un lujo.

 

 

Categoría: Expertos invitados, La opinión de los expertos

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