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Mar

Alacenas

Luz Marina Vélez Jiménez

 

Al abrir los cajones del ‘mueble augusto’

descubre que han guardado allí

la mostaza y la sal,

el arroz y el café, los guisantes y las lentejas.

El mueble se había convertido en despensa.

Bachelard

 

La cocina evoluciona, y con ella sus contenedores. En aparadores, armarios, fresqueras o despensas ―empotradas en paredes o levantadas como estanterías de piso, en cuartos de bodegaje― se almacenan provisiones, vajillería y cubertería, que guardan imágenes de las filosofías del tener.

alacena

 

Alacena es una palabra que tiene su origen en dos vocablos árabes relativos al almacenamiento: hazana ―guardar y proteger― e hizana ―armario―. Es una estructura física y simbólica que revela condiciones sociales, históricas, económicas e idiosincráticas; expone inventarios gastronómicos y principios de selección de los gustos ―lujo y necesidad―; representa, en miniatura, el mundo de las tiendas y de los supermercados.

Una alacena es un universo con techo, un lugar de la intimidad, la reserva y la provisión; custodia la abundancia y refugia la escasez; es un cuerpo de imágenes orgánicas reales o virtuales de la estabilidad. Más que mueble decorativo y contenedor de víveres, una alacena es memoria silenciosa de los buenos y los malos tiempos: de la riqueza y los banquetes, de la austeridad y las restricciones, y del hambre y la desnutrición. Bien como bodegón(de mermeladas, aceites, quesos, vinos, especias, mieles y semillas),vitrina reluciente (de platos, copas, jarras, manteles y cubiertos)o cajón desvaído, entelarañado y vacío, la alacena representa la huella de épocas de paz, guerra y posguerra, retrata el nivel de acceso a lo comestible.

Entre el comedor y la cocina, con o sin llave, a diferencia de otros muebles que van y vienen por una casa, las alacenas parecieran, con su estructura sólida, estar sometidas a la inmovilidad; en sus espacios profundos, ellas guardan herméticamente tesoros, secretos, recuerdos y promesas del tener para vivir.

Las alacenas se han construido como escondites aislados para muchos y de acceso exclusivo para algunos; según el diseñador Fernando Martín Juez, sus formas, similares en estructuras a las cisternas, las vasijas, las cajas y los costales, son respuestas al arquetipo cultural del almacenamiento de una casa, una comunidad y una ciudad; sus metáforas corresponden al orden del abasto, el apaciguamiento y el servicio.

Con sus compartimentos y escondites de conservación al clima, la alacena ha inspirado el diseño “futurista” del refrigerador: un aparador eléctrico para la conservación en frío, un modo revolucionario de resolver, junto con los servicios energéticos, el suministro de agua y el manejo de los desperdicios, la cotidianidad del almacenamiento en una cocina; un almacenamiento que evidencia, también, la ambición del abastecimiento sin fechas de vencimiento, el delirio de acumulación, el enigma del racionamiento, la fantasía de la multiplicación y el deseo de un mundo controlado a favor.

 

Categoría: Expertos invitados, La opinión de Juan Barbacil, La opinión de los expertos

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