T Z
16
Jul

PARFAIT AMOUR

Perfait Amour es ese licor aromático de naranja y vainilla que nos conduce a una gran gama consumida durante años y que hacen las delicias de los aficionados a la coctelería.

En el recuerdo más escondido de mis tiempos de tendero de vinos y licores que durante más de cuarenta años tuve la gran suerte de conocer junto a mi familia, están las escenas de las mujeres que con diferentes tipos de botellas venían a comprar toda clase de aguardientes y cremas alcohólicas que se vendían a granel. Las embotelladas y de marca eran o bien para las ocasiones especiales o para clientes adinerados que se las podían permitir. Pero no recuerdo que vendiésemos Perfait Amour a granel. Se imitaba todo desde los de nombre propio como el licor 43 al cointreau pasando por el calisay, hasta el chartreuse. Los despachábamos directamente desde las garrafas a las botellitas que nos traían de medio y hasta de un cuarto de litro. Muchas veces no resultaba fácil pues cuando el azúcar pegajoso, base de muchos de estos licores, se quedaba derramado por la damajuana el pringue era de lo más incómodo.

El origen de todo pudo ser el moscatel que se vendía mucho, sobre todo para las mujeres que se lo bebían muy a gusto por las tardes en sus reuniones junto a la radio vespertina, las labores de calceta o el juego de naipes, que de todo había. Con poco alcohol y dulzor amable hacía las delicias de, sobre todo, las buenas abuelas que ojalá volvieran a beber tan rico y tanto. La cosa evolucionó y fueron apareciendo el pipermín (licor de menta como todo el mundo sabe), las cremas de cacao, de café – algunas de ellas muy bien conseguidas imitando a las grandes marcas que entonces eran la francesa Marie Brizard  y la holandesa Bols; Tía María o Kahlua no habían hecho su aparición. También había marraschino, cherry brandy y por supuesto los clásicos coñac y anís, que eran los que más se vendían. Tanto que estos dos tenían su propio barril para servir con mayor comodidad.

Cuando se acercaban fechas como la de San Valentín, entonces se celebraba con menor intensidad, se vendía el Parfait Amour, sobre todo el de Bols que era el que antes había llegado a España y tenía fama de ser el mejor, y creo que lo era. Con su hermoso color púrpura oscuro, con sabor a pétalos de flores, principalmente de rosas y violetas, hecho a base de cáscara de naranja, vainilla y almendras, hacía las delicias de los soñadores que estaban seguros de, gracias a él, conseguir la mejor caricia de su mujer amada. También tenía éxito entre las barras americanas de las chicas más traviesas de la ciudad a quienes llevábamos los pedidos y por lo que nos moríamos de ganas de ir para así verlas e imaginarnos imposibles en aquellos años, los nuestros, tan tiernos, aún. Sea como fuere cada vez que alguien solicitaba una botella de Parfait Amour siempre se desprendía una sonrisa entre pícara y divertida, bien por parte del vendedor o del cliente.

También estaba la parte más profesional del asunto, los bármanes o especialistas en la elaboración de cocteles que sí lo solicitaban para preparar los excelentes y siempre sugerentes combinados, desde la variante del “kirsch royal” ( el original es de crema de cassis con champán), es decir Parfait Amour y espumoso, hasta el sencillo con bitter lemon, sin más. De cualquier forma Francia seguía y sigue mandando en los licores tengan o no que ver con el amor, las violetas o lo sugerente.

Categoría: Bebidas, Licores | Sin comentarios »


28
Jun

CAMPARI, PLACER AMARGO

Este bitter italiano, de 25º, que elabora la casa Fratelli Campari en Sesto San Giovanni, en las afueras de Milán, bajo una fórmula secreta, es un aperitivo perfecto. La sensación amarga y ácida del bitter más vendido del mundo es el factor clave para despertar los sentidos gustativos y preparar el paladar y el estómago para disfrutar de un buen plato.

Desde su introducción, en 1860, en el norte de Italia, el Campari no ha pasado desapercibido: o se le ama o se le odia; no hay términos medios. Y esto se debe, en gran parte, a que se trata de una bebida amarga y densa, que obliga a diluirla con hielo, soda o naranja para sensualizarla.
Gaspare Campari, su creador, fundó en Novara el Café dell’Amizia, pero, animado por su Letizia Galli, su segunda esposa, se trasladó al centro de Milán. En 1862, concretamente en el Café Campari, Gaspare Campari ofrecía a su clientela un aperitivo de su invención. Entre sus clientes habituales figuraban los reyes Humberto I de Italia y Eduardo VII de Inglaterra. En la puerta del local había una estatua con un ángel (l’angiolino del Campari) con una cesta donde los jóvenes románticos dejaban sus mensajes de amor para sus novias. Inicialmente, Campari bautizó su compleja invención con el nombre de Bitter all’uso d’Hollandia, en referencia al éxito alcanzado en aquella época por una serie de tragos alcohólicos holandeses. Después empezó a conocerse, simplemente, como Campari.

Realizada a partir de extracto de alcachofa, su característico sabor surgía de la combinación de hasta 60 ingredientes distintos, incluyendo hierbas, especias, ralladuras de frutas y cortezas, entre las que sobresalen la quinina, el ruibarbo o la naranja amarga y la toronja. El color, según el mito, lo obtenían del caparazón de tortuga, aunque hoy se sabe que es la cochinilla el colorante empleado en los licores para obtener el color rojo.
La fórmula de elaboración del Campari sigue siendo secreta, al margen de algunos ingredientes (aguardiente, quina, cortezas de naranja, ruibarbo, chino, jaraba azucarado…); pero se sabe que se envejece en roble y se clarifica con claras de huevo, procedentes de la industria repostera que pertenece también a la misma firma y que elabora un popular bizcocho (zabaglione). Incluso hoy, la única persona que la conoce al dedillo es el presidente de Campari, quien elabora la fórmula junto con un reducido equipo de técnicos. Estos, sin embargo, sólo la conocen de forma parcial.

El Campari es el bitter más vendido del mundo, con una graduación alcohólica ligeramente menor a la mayoría de estos. Mientras el Campari tiene una graduación de 25ª, el resto de los bitters superan los 28º. Ingrediente fundamental en los cócteles americano y negroni, el Campari se puede tomar seco, con piel de limón o con soda; de hecho, el Campari con soda fue una creación personal de Davide, hijo del fundador, que en 1932 creó también una famosa campaña publicitaria con carteles creados por grandes artistas.
Justamente, la sensación amarga y ácida del Campari es el factor clave para despertar los sentidos gustativos y preparar el paladar y el estómago para disfrutar de un buen plato. Y aunque, en la actualidad, el Campari se ofrece en varios estilos y mezclas para acomodarse a distintas ocasiones de consumo, la principal función de la bebida es servir de aperitivo. Con más de dos vasos se pierde la gracia.

Muy apreciada por bebedores ilustrados, el Campari ha sido el fiel acompañante de legendarias figuras literarias y cinematográficas como Ernest Hemingway, William Holden, Sylvester Stallone y Christina Aguilera. El agente secreto James Bond también mostró en el celuloide su debilidad por el Campari, pero en preparaciones como el Negroni y el Americano.
En la actualidad, la casa Campari vive un agitado renacimiento, alrededor del concepto de la “pasión roja”. Su botella se ha vuelto más estilizada y sus posibilidades de mezcla y cocteles también es más amplia.

Categoría: Bebidas, La opinión de Juan Barbacil, La opinión de los expertos, Licores | Sin comentarios »


Quiénes somos | Proyectos | Asociaciones | Trayectoria profesional | Galerías | Medios de comunicación | Blog

C/ Cádiz, 7. 1º B. 50004 Zaragoza - España. Tel.: 976 258 265 - Fax: 976 258 266.

barbacilcomunicacion@barbacil.com - Contacto - Legal - Síguenos en: